1 de junio de 2015

HERO Capítulo 3 - parte 2 (Perry Moore)

CAPITULO III 
(parte 2)



Mamá pasaba la larga espera espantando las moscas de la carne barata y cortando cebollas y mirando al horizonte por algo que nunca parecía venir. Mientras esperaba la parrilla encendiera en la configuración perfecta, papá podía  disfrutar una cerveza (o dos) en la repisa que el había construido con sus propias manos. Entonces me pedía con confianza, cada vez, el ir dentro y traer la cerveza que había puesto en el congelador. Y cada vez yo la agitaba todo lo posible y se la llevaba

A veces la lanzaba al aire y la hacía girar como un bastón, a veces saltaba con ella, a veces la hacía rodar por el piso de la cocina como si jugara boowling. Caminaba hacia la repisa lentamente, como si no hubiese nada que esconder, y podría decir que siempre sabía lo que había hecho. Ese era parte del ritual, parte del juego. Estoy seguro podía leer mi leve sonrisa cuando tomaba la cerveza de mis pequeñas manos, pero el seguía igual. A veces la sostenía sobre la parrilla y pretendía hacerla explotar sobre mi hamburguesa, a veces me pedía yo la abriera. A veces me perseguía al rededor de la repisa tratando de rociarlo en mi dirección, y a veces la abría y actuaba sorprendido cuando el spray le llegaba al ojo. Era consistente en una cosa, sin embargo: siempre me dejaba beber un sorbo, a salvo de la vista de mamá, antes de que ponga los hot dogs en la parrilla.

Pase por una foto que la hermana de mi mamá nos tomó en una comida al aire libre cuando accidentalmente di a mamá la lata de cerveza agitada para papá. La tía Mary Sue tomó la foto en el instante en que mamá abrió la cerveza, y la imagen entera explotó con un spray de espuma en la parte superior de nuestras eufóricas y sorprendidas caras. Esa siempre fue la foto favorita de mamá, y me quedé mirando una huella de chocolate en la esquina que lo probaba.

Hojeé el resto del álbum y tomé otro. este tenía una serie de tomas que hizo papá en una de nuestros frecuentes viajes a mirar trenes. Papá amaba seguir trenes, tomar foto de sus partes, esperar al cruce de caminos en pueblos abandonados por alguna vieja, rara parte que llevar con nosotros. Mamá empacaría un almuerzo de picnic, y nos amontonábamos en el coche a lo largo de una carretera principal desierta en alguna vieja ciudad, conmigo subiendo por la maleza cerca de la pista en busca de insectos y picos de ferrocarril mientras mamá y papá bebían cerveza y comían huevos rellenos hasta que el tren pasara. Para cuando era un adolescente, esos viajes se sentían como un castigo, pero en las fotos no eramos mas que grandes sonrisas en pueblos desecados. Nos reímos de alegría desenfrenada cuando los trenes finalmente pasaban zumbando y traían el viento azotando a través de nuestro cabello.


Pasé mis dedos sobre la imagen de mi madre en mi graduación de la guardería. El tiempo parecía haberse desvanecido. Mi madre estaba detrás de mi padre en la última fila de la audiencia, y su imagen se había vuelto borrosa. Recuerdo lo incómodo que era para mi madre le tomaran una foto. Ella debe haber tratado de moverse cada vez que alguien hacia una foto; eso explicaría la falta de definición. Pasé por el resto de las páginas y me di cuenta de que mientras las tomas parecían claras, la imagen de Mora en ellos se había vuelto cada vez mas desvanecida en el año, y me sorprendió que nunca lo había notado antes. En el momento en que vi la imagen de mi primer juego de baloncesto, apenas podías verla sentada detrás de mi padre en las gradas.

Miré mir reloj. Había sido un estúpido mirando las viejas fotos. Debería haber estado en el camino hace mucho. Era un cuarto para las once y no aun no había resuelto que iba a hacer por dinero.

Pasé las páginas del álbum hacia la foto favorita de mamá -- la de la cerveza explotando en nosotros. Retiré el celofán para tomar la imagen y noté una tira de papel asomando desde detrás de ella. Saqué la foto de la página pegajosa, y allí estaba.

No podía creer lo que veía.

Miré alrededor de la habitación. Tal vez había una cámara, tal vez esto era una broma. Tenia que ser. Pero cuando miré hacia abajo en la página, era claro como el día.

Una nota.

los bordes del papel eran casi tan secos y quebradizos como la foto. Arranqué todas las otras fotos, una por una, y descubrí bajo cada una un tesoro escondido de imágenes, otro set de fotos que nunca iba a ver, hasta ahora.

Me quedé mirando la nota en mis manos, mis dedos entumecidos, y las palabras escritas en la perfecta y deliberada cursiva de mamá, quemaron en mi mente:

Para mi hijo. Conócete.

Metí la pila de fotos en mi bolso y salí corriendo por la puerta.

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