20 de septiembre de 2010

Capítlulo Final: Cenizas

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Se materializó en su forma de rey, con aquella expresión de poder y superioridad, con aquel semblante frio y ajeno a cualquier sentimiento. La profecía se cumplía, entre el fuego y el agua e creaba un muro que terminaría por matar a uno de los dos. Atlanti levantó su tridente sobrela cabeza del fénix y exclamo sin inmutarse:

- El poder de nuestros mundos existen para ser tal cuales, el poder de cada uno está hecho para ser libre.

- No, mi fuego es ahora parte de ti y mi corazón sombrio no puede dejarte a un lado - exclamó el fénix sintiendo flaquear su alma.

- No quiero ya nada contigo, un ser de agua no puede estar junto a alguien de fuego... se acabó.

El fénix corrió unos metros lejos de Atlanti para tomar vuelo e irs lomás lejos posible de aquel lugar. Quería huir, quería esconderse, quería dejar de sentir aquella daga que lo aprisionaba en el pecho. Encendió su fuego y extendió sus alas donde voló alto, muy alto. No había limite para su dolor y quizá al huir, tal vez, solo tal vez, esta penuria huyera también.

Su pecho se encogía, sus alas se entumecian, su cuerpo ya no respondía ¿Será esto a lo que llaman muerte? Tantas batallas, tantos esfuerzos, tanto de todo y este puede ser el final. Al fénix, eso ya no le importaba. Con ese cruel pensamiento sus hermosas alas negras s desintegraron en el aire y el místico ser de fuego comenzó a caer precipitadamente. A mitad de camino perdió la conciencia y no mucho después un estrepitoso ruido indicaba como se estrellaba contra la acera. Su cuerpo yacia maltrecho y herido en plena calle, entonces, cuando un hilo de sangre se escurrió por la comisura de sus labios semi abiertos, comenzó a nevar plumas negras por toda la ciudad. La madre naturaleza lloraba la perdida del fénix, esta vez su cuerpo no se encendía en llamas lo que indicaba se haría cenizas y renacería. Esta vez no sucedió nada. Esta vez, parecí realmente muerto. Atlanti, contra su naturaleza, soltó una lágrima y se alejó del lugar, volvía a las profundidades.

Así el fénix de alas negras parecía ver su final. Así el ser inmortal parecía conocer la mortalidad. Así el destino se preguntaba si existian los finales felices.

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